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Desde mediados
del siglo XIX cobró fuerza en
Cuba el arte de ilustrar las
cajas de Habanos, iniciativa que
se impuso para siempre. A partir
de entonces, los empresarios
tabacaleros se las ingeniaron
para procurar habilitaciones
cada vez más bellas, singular
porfía en la que se impuso
Francisco Menéndez, el español
que registró a La Belinda en
1882. |