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No
inhale, no se trata de
un cigarrillo. Aspire
suavemente hasta que el
humo llene la boca y
permita que se regodee
en sus papilas
gustativas.
Relájese y saboree los
sutiles sabores y aromas
de la ligada de ese
Habano.
No deslice ni intente
retirar la anilla, ya
que corre el riesgo de
rasgar la capa, y así
arruinar su puro.
No hay problema alguno
en volver a encender su
Habano si se apagara.
Pero primero retire toda
la ceniza suelta o le
resultará difícil volver
a encenderlo.
Se puede fumar un Habano
con pleno disfrute
probablemente hasta las
tres cuartas partes de
su tamaño. No se
preocupe por la longitud
y la suerte que corra la
ceniza. No se debe
golpear nerviosamente un
Habano para sacudirle la
ceniza, tal como uno
hace con un cigarrillo.
Permita que la ceniza
caiga por sí misma,
preferiblemente sobre un
cenicero. |